(CAPITULOS VII AL IX)
VII
Había transcurrido una semana en la cual Claudia había disfrutado al máximo de la compañía de Raúl. Lo único que empañaba su felicidad era no tener noticias de Maylí. ¿Qué sería de ella y su familia? ¿Por qué no escribían?
Ensimismada en sus pensamientos, no se fijó que Raúl se acercaba acompañado del señor Sosa, dueño de la fábrica.
— ¡Hola mi amor!
— ¡Raúl! ¿Qué haces aquí?
—Vine a traerte la buena nueva. Fuiste aceptada en la compañía en la cual trabajo. Empiezas desde mañana como secretaria de uno de los directores. Es un gran ingeniero.
— ¡Qué bien! Veo que informaste al señor Sosa.
—Así es Claudia. Su novio acaba de decírmelo. Siento que se vaya, pero tarde o temprano tenía que suceder. Le deseo mucha suerte en su nuevo trabajo ya que usted se lo merece, por ser una excelente trabajadora. Ya le hice el Memorándum así que puede pasar por caja para que le cancelen su sueldo. Adiós y que tenga mucho éxito.
—Gracias señor Sosa. Siento dejarlos pero, como usted lo dijo, tarde o temprano tenía que irme a un puesto acorde a mi profesión. Adiós.
Si uno tuviera el poder de ver el futuro, ¡cuántos males se evitaría! Si Claudia hubiera adivinado lo que iba a padecer en esa oficina, nunca habría aceptado. Pero ya el destino había echado a caminar su inexorable maquinaria y ninguna fuerza, por poderosa que fuera, iba a detenerla.
Así Claudia entró ilusionada en su nuevo trabajo, de la mano de su amor, del hombre por el cual ella entregaría su vida si fuera necesario. Lo primero que hizo al entrar a su nueva oficina, fue la de dar gracias a Dios por su buena suerte y por el amor de Raúl.
Conoció a su nuevo jefe, el ingeniero Zardoni, que era un hombre mayor, de unos cincuenta y cinco años, excelente profesional y un hombre comprensivo y tolerante. Una vez que éste y el Jefe de Personal le explicaron en qué consistía su nuevo trabajo, fue llevada a ser presentada a sus demás compañeros de trabajo. Claudia sintió que entre las otras chicas había cierta tensión, tal vez porque era nueva así que no quiso darle importancia, pero conforme fueron pasando los meses, éstas le hicieron dura la estadía, rechazándola y aislándola de todos. Ella trató de ser agradable, pero fue imposible. Y para colmo, Raúl empezó a mostrarse esquivo.
VIII
— ¡Claudia! ¿Puedo hablar contigo un momento? —quien la llamaba era una señora mayor, secretaria del Presidente de la Compañía.
—Sí, doña Eloisa –dijo Claudia tímidamente
—Mira Claudia, yo llegué a conocerte y estimarte mucho. Por eso quiero contarte la verdad sobre el canalla de Raúl. Sé que lo quieres mucho pero él no se lo merece, porque te engaña y de la manera mas vil. Seguramente no pudo conseguir de ti lo que deseaba, por eso volvió con la chica que salía antes.
Claudia palideció y dijo: — ¿Cómo? ¡No le creo!
—Sé que te duele Claudia, pero es hora de que abras los ojos. Cuando salgas de la oficina esta tarde, siéntate en un banco de la plaza del frente y verás a tu Raúl salir abrazado de Zaida, su secretaria.
— ¡No puede ser verdad! ¡Raúl no me haría eso, él me ama!
—Todos dicen lo mismo, pero no son más que palabras. Mira niña, tú eres muy dulce e ingenua. Olvídate de ese tipo que no te merece. No es franco contigo.
— ¡Ya basta señora Eloisa, no quiero escucharla más! ¡Por favor, déjeme sola!
—Está bien Claudia. Solo quería que dejes de ser el hazmerreír de toda la oficina. Todos se burlan de tu ingenuidad.
Eloísa se fue, dejando a Claudia deshecha, con el llanto a punto de brotar de sus bellos ojos y con un dolor tremendo en el costado.
Respiró fuertemente y disimulando su dolor, se repuso, pero toda la tarde trabajó como una sonámbula. Cuando llegó la hora de salida, fue a buscar a Raúl, pero él no la atendió, mandó a decirle con su secretaria que tenía una reunión hasta tarde. Entonces Claudia marcó su tarjeta y se sentó en un banco justo al frente de la oficina y esperó, con la ilusión de que todo sea mentira. Pasada una media hora vió salir a Raúl abrazando a Zaida, como lo hacía con ella. Se quedó inmóvil, como si la hubieran clavado en el asiento. Pensó que era una pesadilla, que despertaría pronto. Se quedó allí estática, cual una estatua, sin proferir sonido alguno, respirando apenas. Se sentía sola, tremendamente sola. El viento de la noche la volvió a la realidad. Miró a su alrededor y vió que la plaza estaba casi desierta y en el cielo brillaban las estrellas cual estáticas luciérnagas. Lentamente, con un gran esfuerzo, Claudia se incorporó y casi arrastrando los pies, como si llevara una pesada carga sobre los hombros, se dirigió hacia su pequeño cuarto. ¡Cuántas ilusiones se había hecho con Raúl! ¡Cuantos sueños había tejido en su loca imaginación! Mientras caminaba, no cesaba de preguntarse: ¿Por qué?
IX
El día era hermoso como suele ser un día de invierno. El cielo era de un azul intenso. Ni una nube manchaba esa pureza diáfana. El sol brillaba orgulloso en lo alto.
Claudia se mostraba serena y tranquila, mas solo ella sabía el tormento que vivía por dentro. Se sentía destrozada, vacía. Había llorado, pero al día siguiente se sorbió las lágrimas y borró toda huella de su rostro. No quería demostrar su sufrimiento. ¡Cuán grave es amar con tanta vehemencia! El golpe es más duro y duele más. Ahora Claudia sentía ese golpe que le daba una y mil veces en el pecho, causándole un gran dolor.
— ¡Claudia! ¡Claudia!
—Hola Raúl.
— ¿Qué pasa mi amor? Hace rato que te llamo y pareces ausente del mundo. ¿En qué piensas?
—En que anoche no te ví ¿Dónde fuiste?
— ¿Era eso? Tenía reunión acá en la oficina. Tú sabes como es eso. Tuve que quedarme hasta las once de la noche, como era tarde ya no fui a tu casa.
—No mientas Raúl, sé que no tuviste ninguna reunión
— ¿Cómo? ¿Qué te pasa mi vida? ¿Por qué me llamas mentiroso? ¿No me crees?
—No Raúl. Creía en ti, pero ahora no.
— ¡Seguro que alguien te contó algún chisme y tú lo creíste! ¿Así me demuestras tu amor?
— ¡Basta Raúl! Nadie me vino con ningún chisme. Yo te vi ayer en la tarde salir de la oficina con Zaida. ¡Ví como la acariciabas y la besabas!
— ¿Me estabas espiando?
— ¿Espiar? No, Raúl, no te espiaba. Siempre creí que lo de tus reuniones era cierto, hasta ayer. ¡Dios! ¡Que tonta e ingenua fui
— ¡No Claudia, no digas eso! Yo te quiero como a mi esposa, como a la madre de mis hijos, pero por ahora no puedo estar contigo como hubiera sido mi deseo, debo estar con Zaida.
— ¿Por qué? ¿Qué es lo que te liga a ella? ¿Por qué me ocultaste que enamorabas con ella?
—No te puedo contar, pero debo estar con ella. Te prometo que pronto se solucionará todo y tú y yo nos podremos casar.
— ¿Casarnos? ¿No te parece una palabra fuera de lugar en estos momentos?
— ¡No! Yo quiero casarme contigo y lo voy a hacer.
—No sé si creerte. Me dices que tienes que estar con Zaida, pero que te casarás conmigo.
—Escúchame, no me atrevía a contártelo, pero ahora lo haré. Antes de conocerte, yo salía con Zaida pero ella nunca me tomó en cuenta, así que me aburrí de ser su muñeco y la dejé de ver. Días después apareciste tú y me enamoré de tu voz, de tu risa, de tus ojos, de tu manera de ser y me olvidé de Zaida por completo. Pero un día me llamó y me dijo que me amaba, también me contó que estaba muy enferma y que no la abandonara o cometería una locura. Por eso tuve que volver con ella y seguirle la corriente. Pero te juro que no la quiero, es a ti a quien amo. Por favor amor, ten confianza en mí y dame tiempo para arreglar todo. ¿Está bien?
—No sé ni qué pensar. Todo lo que me cuentas parece sacado de una novela. ¿Es verdad lo que me dices? Si es así ¿Por qué en la oficina nadie sabe nada? No sé, es todo muy confuso.
—Zaida no quiere que se enteren, odia la compasión. Solo algunas amigas están enteradas.
— ¡Dios! Lo que me dices es increíble. No sé qué decisión tomar.
—Por favor amor, si me amas me comprenderás.
—Te amo Raúl y eso tú lo sabes muy bien, pero no sé si soportaré esta situación.
—Sé que debí contarte, pero tenía miedo de que me dejaras.
—Está bien Raúl, porque te amo confiaré en ti. Espero que por el bien de nuestro amor encuentres una solución.
— ¡Gracias mi vida! ¡Eres la mujer mas buena y comprensiva que conocí¡ Ya verás como todo se arregla.
CONTINUARÁ...
viernes, 3 de septiembre de 2010
CLAUDIA continuación
(CAPITULOS IV AL VI)
IV
Fueron pasando los meses, en los cuales Claudia se batía como podía con el mísero sueldo que ganaba en la fábrica. Había dejado los estudios ya que el dinero le era insuficiente, y para colmo, desde el día que partió su amiga, no supo más de ella.
Un día conoció de casualidad a una chica, Teresa, quién simpatizó con ella y la invitó a una fiesta en su casa. Aunque desganada, Claudia se puso su mejor vestido y fue. Esa noche cambió su vida por completo, ya que allí conoció al primo de Teresa, Raúl, del cual se enamoró perdidamente.
Raúl era ingeniero, buen mozo y con el complejo de “Don Juan”. Apenas vió a Claudia quedó cautivado de su rostro, su figura, su manera de ser y no quiso soltarla durante toda la fiesta.
Claudia era feliz como nunca. Sentía que la alegría le bullía en la sangre y cuando él la miraba, una embriaguez dulce la envolvía.
—Claudia me contaste que eres secretaria ejecutiva, ¿Ganas bien en tu trabajo?
—No estoy como secretaria, trabajo como obrera en una fábrica de algodón.
— ¿De obrera? ¡No puede ser!
—Así es Raúl. No podía hallar trabajo y me urgía hacerlo ya que mi dueña de casa no espera ni un día por el alquiler.
— ¡Esto es inaudito! Mira, quiero que mañana te presentes en mi oficina. Hay cargos vacantes, así que voy a remover cielo y tierra para que entres. Además, así te voy a tener cerca de mí.
— ¡Gracias! Yo estoy dispuesta a dar examen si es necesario. Y también quiero estar a tu lado. ¡Que maravilloso sería!
—Ni hablar entonces. ¿A qué hora sales de la fábrica?
—Mi turno termina a la una de la tarde.
—Bien, te voy a recoger y vamos a ir juntos, ¿Te parece?
—Bueno, entonces te esperaré a la salida. A propósito ¿Qué hora es?
—Son las dos de la mañana.
— ¿Las dos? ¡Qué tarde es! Debo irme ya que entro a las cinco de la mañana.
—Está bien mi amor, espero que sea una de las últimas noches que tengas que dormir tan poco. Vamos, te voy a llevar a tu casa.
—Bueno, pero deja que me despida de Teresa.
—Apúrate, te espero afuera.
Claudia se despidió de Teresa agradeciéndole por la invitación y subió al auto de Raúl.
V
Había transcurrido casi toda la mañana y Claudia se sentía como entre nubes. Recordaba una y mil veces la noche anterior, las palabras de amor que Raúl deslizó en sus oídos, y mas que nada, el beso, ese beso dulce, cálido, tierno que le hizo vibrar íntegra. ¡Su primer beso de amor!
Tuvo muchas equivocaciones en su trabajo por andar soñando. Hasta que llegó la hora de salida, y con el pitazo de la fábrica saltó rauda y luego de arreglarse salió, con el corazón latiéndole fuertemente, como si quisiera escapar de su pecho. Tuvo que descansar un momento para dar sosiego a su alocado corazón. Luego fue saliendo lentamente, como si temiera, al salir de golpe, ahuyentar un sueño. Pero no, allí en la puerta estaba Raúl, esperándola ansioso. Sin pensarlo dos veces, se abalanzó a sus brazos y, sin importarle que sus compañeros la observaban, devolvió los besos apasionados de Raúl uno por uno. Pasado el momento de euforia, subieron a su auto y se alejaron rumbo a la empresa donde trabajaba Raúl mientras conversaban.
—Hablé con el Jefe de Personal, mi vida. Te tomará un pequeño examen y luego me avisará desde cuando puedes empezar a trabajar. —comentó Raúl
— ¡Gracias cielo! Me siento tan, pero tan feliz que tengo ganas de llorar.
— ¿Llorar? No mi amor, conmigo no vas a conocer lo que es llorar. Quiero verte siempre alegre, siempre sonriente.
—Sí Raúl, a tu lado siempre estaré feliz.
—Bueno, ya llegamos. No te pongas nerviosa y sonríe, que tienes una hermosa sonrisa.
Entraron en una oficina amplia, llena de estantes y archivadores. Tras un hermoso escritorio se encontraba el Jefe de Personal.
—Buenas tardes señor Miranda. Le presento a mi novia Claudia.—dijo Raúl asomándose
—Buenas tardes Raúl, mucho gusto señorita. Veo que Raúl tiene muy buen gusto.
—Gracias señor Miranda. Encantada de conocerlo.
—Mire Claudia, le voy a tomar un pequeño examen. No es difícil. Un poco de dictado, para ver su taquigrafía y su ortografía, que es lo principal, luego un poco de máquina para ver su precisión y rapidez. ¿Está lista?
—Sí señor, podemos empezar cuando guste —acotó Claudia, un poco nerviosa mientras se sentaba ante la máquina de escribir. Raúl no quiso distraerla así que optó por retirarse, no sin antes pedir a Claudia que al terminar lo busque en su oficina al final del pasillo.
VI
Claudia concluyó con el examen y se dirigió al despacho de Raúl, entrando luego de golpear la puerta.
— ¡Hola! ¿Se puede?
— ¡Hola mi amor! ¿Qué tal te fue?
—No lo sé, creo que bien. Lo sabré a fines de este mes, es decir la semana que viene.
— ¡Bien! Yo creo que es seguro. Escúchame, ¿Qué vas a hacer mañana? Sé que hay una marcha a favor del gobierno y por lo tanto habrá paro de actividades, así que podríamos irnos de día de campo, ¿qué te parece?
—Lo siento Raúl, pero yo trabajo en una fábrica y por lo tanto estoy obligada a ir a la marcha. Si no lo hago así, me van a multar.
— ¿Acaso no es voluntaria la marcha?
—Sabes bien que acá, cuando trabajas en empresas públicas o en fábricas, quieras o no debes obedecer la voluntad de los dueños de los sindicatos.
—Está bien, entonces te veré después de la famosa marcha.
—No creas que me agrada ir. Pienso que si el pueblo quisiera mostrar su “nacionalismo” o amor a la Patria, debería trabajar y no marchar, pues lo único que hacen es paralizar la economía del país. Además si fuera voluntaria la marcha, no habría ni “cuatro gatos”, ya que acá a todo el mundo, a excepción de los políticos, le importa un soberano pito quién gobierne o no, con tal de tener trabajo, tranquilidad y su pan.
— ¡Claudia! No creí que te interesaba la política —exclamó Raúl admirado
— ¡Sí que me interesa! No te olvides que trabajo en una fábrica codo a codo con gente del pueblo y también cuando estaba en la Universidad aprendí mucho sobre política. Pero no hablemos de ese tema tan ingrato. Me voy pues debo dejarte trabajar.
—No, espera, te llevaré a tu casa, luego volveré a la oficina porque tengo bastante trabajo.
CONTINUARÁ
IV
Fueron pasando los meses, en los cuales Claudia se batía como podía con el mísero sueldo que ganaba en la fábrica. Había dejado los estudios ya que el dinero le era insuficiente, y para colmo, desde el día que partió su amiga, no supo más de ella.
Un día conoció de casualidad a una chica, Teresa, quién simpatizó con ella y la invitó a una fiesta en su casa. Aunque desganada, Claudia se puso su mejor vestido y fue. Esa noche cambió su vida por completo, ya que allí conoció al primo de Teresa, Raúl, del cual se enamoró perdidamente.
Raúl era ingeniero, buen mozo y con el complejo de “Don Juan”. Apenas vió a Claudia quedó cautivado de su rostro, su figura, su manera de ser y no quiso soltarla durante toda la fiesta.
Claudia era feliz como nunca. Sentía que la alegría le bullía en la sangre y cuando él la miraba, una embriaguez dulce la envolvía.
—Claudia me contaste que eres secretaria ejecutiva, ¿Ganas bien en tu trabajo?
—No estoy como secretaria, trabajo como obrera en una fábrica de algodón.
— ¿De obrera? ¡No puede ser!
—Así es Raúl. No podía hallar trabajo y me urgía hacerlo ya que mi dueña de casa no espera ni un día por el alquiler.
— ¡Esto es inaudito! Mira, quiero que mañana te presentes en mi oficina. Hay cargos vacantes, así que voy a remover cielo y tierra para que entres. Además, así te voy a tener cerca de mí.
— ¡Gracias! Yo estoy dispuesta a dar examen si es necesario. Y también quiero estar a tu lado. ¡Que maravilloso sería!
—Ni hablar entonces. ¿A qué hora sales de la fábrica?
—Mi turno termina a la una de la tarde.
—Bien, te voy a recoger y vamos a ir juntos, ¿Te parece?
—Bueno, entonces te esperaré a la salida. A propósito ¿Qué hora es?
—Son las dos de la mañana.
— ¿Las dos? ¡Qué tarde es! Debo irme ya que entro a las cinco de la mañana.
—Está bien mi amor, espero que sea una de las últimas noches que tengas que dormir tan poco. Vamos, te voy a llevar a tu casa.
—Bueno, pero deja que me despida de Teresa.
—Apúrate, te espero afuera.
Claudia se despidió de Teresa agradeciéndole por la invitación y subió al auto de Raúl.
V
Había transcurrido casi toda la mañana y Claudia se sentía como entre nubes. Recordaba una y mil veces la noche anterior, las palabras de amor que Raúl deslizó en sus oídos, y mas que nada, el beso, ese beso dulce, cálido, tierno que le hizo vibrar íntegra. ¡Su primer beso de amor!
Tuvo muchas equivocaciones en su trabajo por andar soñando. Hasta que llegó la hora de salida, y con el pitazo de la fábrica saltó rauda y luego de arreglarse salió, con el corazón latiéndole fuertemente, como si quisiera escapar de su pecho. Tuvo que descansar un momento para dar sosiego a su alocado corazón. Luego fue saliendo lentamente, como si temiera, al salir de golpe, ahuyentar un sueño. Pero no, allí en la puerta estaba Raúl, esperándola ansioso. Sin pensarlo dos veces, se abalanzó a sus brazos y, sin importarle que sus compañeros la observaban, devolvió los besos apasionados de Raúl uno por uno. Pasado el momento de euforia, subieron a su auto y se alejaron rumbo a la empresa donde trabajaba Raúl mientras conversaban.
—Hablé con el Jefe de Personal, mi vida. Te tomará un pequeño examen y luego me avisará desde cuando puedes empezar a trabajar. —comentó Raúl
— ¡Gracias cielo! Me siento tan, pero tan feliz que tengo ganas de llorar.
— ¿Llorar? No mi amor, conmigo no vas a conocer lo que es llorar. Quiero verte siempre alegre, siempre sonriente.
—Sí Raúl, a tu lado siempre estaré feliz.
—Bueno, ya llegamos. No te pongas nerviosa y sonríe, que tienes una hermosa sonrisa.
Entraron en una oficina amplia, llena de estantes y archivadores. Tras un hermoso escritorio se encontraba el Jefe de Personal.
—Buenas tardes señor Miranda. Le presento a mi novia Claudia.—dijo Raúl asomándose
—Buenas tardes Raúl, mucho gusto señorita. Veo que Raúl tiene muy buen gusto.
—Gracias señor Miranda. Encantada de conocerlo.
—Mire Claudia, le voy a tomar un pequeño examen. No es difícil. Un poco de dictado, para ver su taquigrafía y su ortografía, que es lo principal, luego un poco de máquina para ver su precisión y rapidez. ¿Está lista?
—Sí señor, podemos empezar cuando guste —acotó Claudia, un poco nerviosa mientras se sentaba ante la máquina de escribir. Raúl no quiso distraerla así que optó por retirarse, no sin antes pedir a Claudia que al terminar lo busque en su oficina al final del pasillo.
VI
Claudia concluyó con el examen y se dirigió al despacho de Raúl, entrando luego de golpear la puerta.
— ¡Hola! ¿Se puede?
— ¡Hola mi amor! ¿Qué tal te fue?
—No lo sé, creo que bien. Lo sabré a fines de este mes, es decir la semana que viene.
— ¡Bien! Yo creo que es seguro. Escúchame, ¿Qué vas a hacer mañana? Sé que hay una marcha a favor del gobierno y por lo tanto habrá paro de actividades, así que podríamos irnos de día de campo, ¿qué te parece?
—Lo siento Raúl, pero yo trabajo en una fábrica y por lo tanto estoy obligada a ir a la marcha. Si no lo hago así, me van a multar.
— ¿Acaso no es voluntaria la marcha?
—Sabes bien que acá, cuando trabajas en empresas públicas o en fábricas, quieras o no debes obedecer la voluntad de los dueños de los sindicatos.
—Está bien, entonces te veré después de la famosa marcha.
—No creas que me agrada ir. Pienso que si el pueblo quisiera mostrar su “nacionalismo” o amor a la Patria, debería trabajar y no marchar, pues lo único que hacen es paralizar la economía del país. Además si fuera voluntaria la marcha, no habría ni “cuatro gatos”, ya que acá a todo el mundo, a excepción de los políticos, le importa un soberano pito quién gobierne o no, con tal de tener trabajo, tranquilidad y su pan.
— ¡Claudia! No creí que te interesaba la política —exclamó Raúl admirado
— ¡Sí que me interesa! No te olvides que trabajo en una fábrica codo a codo con gente del pueblo y también cuando estaba en la Universidad aprendí mucho sobre política. Pero no hablemos de ese tema tan ingrato. Me voy pues debo dejarte trabajar.
—No, espera, te llevaré a tu casa, luego volveré a la oficina porque tengo bastante trabajo.
CONTINUARÁ
CLAUDIA (cuento)
(CAPITULOS I AL 111)
CLAUDIA
I
“Me encuentro acá, sola, recordando parte de mi vida… ¿afuera? ¡Qué sé yo como está afuera! Talvez el sol esté brillando en un límpido cielo, pero no me importa, no me importa ya nada. ¡Estoy tan cansada de vivir! Quizás Dios se apiade de mí y me mande el descanso eterno.
¡Qué de positivo saqué en estos años? ¿Amistades o amores? Aun recuerdo a Maylí, mi gran amiga, la cual se fue a la Argentina y no supe más de ella. Y ¿Raúl? El hombre de mi vida, al que amé y aún amo como a ninguno, pero que tanto dolor me causó y ¿Zaida?, puedo entender que por amor se hagan cosas increíbles, pero hacer tanto mal, como el que me hizo ella por su amor a Raúl, aún no lo puedo comprender.
¡Los recuerdos acuden a mi mente cual loco torbellino! ¿Por qué no puedo alejarlos? Más ya no siento dolor, solo una gran paz que me invade el corazón. No siento sufrimiento, no, no siento nada… solo veo un profundo pozo. ¡Qué ganas tengo de dormir!”
II
— ¡Claudia!, ¡Claudia! ¡Espérame!
— ¡Hola Maylí! ¿Dónde te habías metido? Ayer te estuve llamando todo el día para ir al cine.
— ¡Estuve correteando haciendo mis papeles!
— ¿Papeles?
— ¡Sí! Te cuento que mi hermano, mi cuñada y yo nos vamos a radicar a la Argentina.
— ¡¿La Argentina?! ¡Dios! ¿Porqué tan lejos?
—Es que Pepe halló un trabajo allá, como capataz en una obra y como no quieren que me quede sola, me llevan con ellos.
— ¡Pero Maylí, si sabes que puedes quedarte a vivir conmigo! Trabajaríamos juntas, y así nos haríamos mutua compañía.
—Lo sé Claudia, ¿Crees que no me siento triste al pensar que estaremos separadas? Pero soy menor de edad y como estoy bajo la tutela de mi hermano desde que quedamos huérfanos, debo irme con él. Y no creas que no hemos pensado en ti. Mi hermano quería llevarte también, pero como estamos mal económicamente, no fue posible.
—Les agradezco mucho, mas sé que la situación de ustedes es desesperada. Lo que me apena es que no tendré a nadie a quién recurrir como lo hacía con ustedes. Para mí siempre fueron la familia que nunca tuve.
— ¡No te pongas triste Claudia! Vamos a estar separadas solo unos cuantos meses, ya que es nuestra intención ahorrar y mandarte dinero para que puedas venir a vivir con nosotros.
— ¡Eso sería fabuloso Maylí! pero dime, ¿cuándo se van?
—Mañana a las once de la mañana, por tren.
— ¿Mañana? ¿O sea que solo estaremos juntas unas cuantas horas más?
—Pero Claudia, ¿Qué te desespera? Ya te dije que nuestra separación va a ser momentánea. ¡Vamos! ¡Anímate!
—Está bien Maylí, ¡Dios! Se me pasó la hora, llegaré tarde a la fábrica.
—Corre Claudia, perdóname por haberte detenido ¡Chau!
— ¡Hasta mañana Maylí! ¡Nos vemos en la estación!
III
—Bueno, creo que tenemos todo ordenado. Solo nos queda esperar y soportar todo el viaje —Pepe, hermano mayor de Maylí, se encontraba ordenando las últimas maletas en el compartimiento del tren. A su lado, se encontraba Ana, su mujer, una joven frágil que parecía una niña de quince años por la contextura de su físico. Era muy buena, y quería a Maylí, su cuñada, como si fuera su hermana menor. Compartía con ella las penas y alegrías, complacía todos sus caprichos, le aconsejaba y hasta la defendía cuando Pepe quería sermonearla. Entre todas las amigas que Maylí había tenido, a la que más quería era a Claudia, por su manera de ser, aunque a veces la inquietaba porque la veía demasiado dulce e ingenua para una época como la presente. Ellos se habían convertido en su única familia y sentía cierta tristeza al pensar que se quedaría sola, sin el apoyo moral de ellos. Un escalofrío corrió por su cuerpo sin explicarse el porqué. De pronto la vió, caminaba presurosa, buscándolos, con esa mirada entre triste y desesperada. Levantó su mano y agitándola, la llamó.
— ¡Claudia! ¡Acá estamos!
— ¡Hola Anita! ¿Cómo estás Pepe?, veo que ya están listos para irse.
—Así es Claudia, lo único que siento es el no poder llevarte con nosotros.
—No te preocupes Pepe, lo sé. Voy a seguir estudiando y trabajando, además voy a tratar de ahorrar algo para poder juntarme con ustedes. Lo único que quiero pedirles es que no se olviden de mí. Escríbanme de tanto en tanto. Eso me hará sentir feliz.
—Claro que sí Claudia, apenas nos instalemos lo haremos —contestó Pepe.
Maylí tristemente le dijo:
—Que bien que llegaste a tiempo, Claudita, temía que no te veríamos.
—Aunque me duela el hecho de estar separadas, nunca dejaría de despedirme de ti, hermanita, pero cuéntame ¿cómo te sientes?
—Alegre y triste. Alegre porque al fin voy a conocer la Argentina y comeré esos sabrosos asados que tanto mencionan, además de conocer a los guapos argentinos. Y triste porque no sé por cuanto tiempo estaremos separadas. Me apena el saber que te quedarás sola.
—Yo también estoy triste, Maylí. Es más, desde que me levanté tengo el presentimiento de que nunca más los volveré a ver. —Claudia no pudo evitar que unas lágrimas le corrieran por el rostro.
—Querida Claudia —terció Ana—, yo te comprendo. Es difícil a veces separarnos de quienes queremos. Siempre pensamos que nunca más los vamos a ver. Pero ya verás que no es así y de aquí a un año o dos, estaremos juntas nuevamente, claro, si Dios no dispone otra cosa.
—Bueno —intervino Pepe —, nuestro tren ya va a partir. Claudia, quiero que sepas que siempre vas a estar en nuestros pensamientos. Cuídate mucho y trata de conservarte tal como eres, sencilla, buena y pura de corazón.
—Gracias Pepe. Adiós querida familia, deseo que les vaya bien. ¡Los quiero mucho! –terminó diciendo Claudia mientras daba un fuerte abrazo a Maylí.
El tren se fue alejando poco a poco. Luego tomó mayor velocidad hasta convertirse en una gigantesca víbora, que iba serpenteando por las vías, hasta perderse de vista en un recodo.
Lentamente Claudia se secó las lágrimas y comenzó a caminar hacia la salida de la estación. Sintió un dolor punzante en el costado, obligándola a detenerse un momento. Pero pasó y reponiéndose, se fue a su pequeña pieza.
CONTINUARÁ...
CLAUDIA
I
“Me encuentro acá, sola, recordando parte de mi vida… ¿afuera? ¡Qué sé yo como está afuera! Talvez el sol esté brillando en un límpido cielo, pero no me importa, no me importa ya nada. ¡Estoy tan cansada de vivir! Quizás Dios se apiade de mí y me mande el descanso eterno.
¡Qué de positivo saqué en estos años? ¿Amistades o amores? Aun recuerdo a Maylí, mi gran amiga, la cual se fue a la Argentina y no supe más de ella. Y ¿Raúl? El hombre de mi vida, al que amé y aún amo como a ninguno, pero que tanto dolor me causó y ¿Zaida?, puedo entender que por amor se hagan cosas increíbles, pero hacer tanto mal, como el que me hizo ella por su amor a Raúl, aún no lo puedo comprender.
¡Los recuerdos acuden a mi mente cual loco torbellino! ¿Por qué no puedo alejarlos? Más ya no siento dolor, solo una gran paz que me invade el corazón. No siento sufrimiento, no, no siento nada… solo veo un profundo pozo. ¡Qué ganas tengo de dormir!”
II
— ¡Claudia!, ¡Claudia! ¡Espérame!
— ¡Hola Maylí! ¿Dónde te habías metido? Ayer te estuve llamando todo el día para ir al cine.
— ¡Estuve correteando haciendo mis papeles!
— ¿Papeles?
— ¡Sí! Te cuento que mi hermano, mi cuñada y yo nos vamos a radicar a la Argentina.
— ¡¿La Argentina?! ¡Dios! ¿Porqué tan lejos?
—Es que Pepe halló un trabajo allá, como capataz en una obra y como no quieren que me quede sola, me llevan con ellos.
— ¡Pero Maylí, si sabes que puedes quedarte a vivir conmigo! Trabajaríamos juntas, y así nos haríamos mutua compañía.
—Lo sé Claudia, ¿Crees que no me siento triste al pensar que estaremos separadas? Pero soy menor de edad y como estoy bajo la tutela de mi hermano desde que quedamos huérfanos, debo irme con él. Y no creas que no hemos pensado en ti. Mi hermano quería llevarte también, pero como estamos mal económicamente, no fue posible.
—Les agradezco mucho, mas sé que la situación de ustedes es desesperada. Lo que me apena es que no tendré a nadie a quién recurrir como lo hacía con ustedes. Para mí siempre fueron la familia que nunca tuve.
— ¡No te pongas triste Claudia! Vamos a estar separadas solo unos cuantos meses, ya que es nuestra intención ahorrar y mandarte dinero para que puedas venir a vivir con nosotros.
— ¡Eso sería fabuloso Maylí! pero dime, ¿cuándo se van?
—Mañana a las once de la mañana, por tren.
— ¿Mañana? ¿O sea que solo estaremos juntas unas cuantas horas más?
—Pero Claudia, ¿Qué te desespera? Ya te dije que nuestra separación va a ser momentánea. ¡Vamos! ¡Anímate!
—Está bien Maylí, ¡Dios! Se me pasó la hora, llegaré tarde a la fábrica.
—Corre Claudia, perdóname por haberte detenido ¡Chau!
— ¡Hasta mañana Maylí! ¡Nos vemos en la estación!
III
—Bueno, creo que tenemos todo ordenado. Solo nos queda esperar y soportar todo el viaje —Pepe, hermano mayor de Maylí, se encontraba ordenando las últimas maletas en el compartimiento del tren. A su lado, se encontraba Ana, su mujer, una joven frágil que parecía una niña de quince años por la contextura de su físico. Era muy buena, y quería a Maylí, su cuñada, como si fuera su hermana menor. Compartía con ella las penas y alegrías, complacía todos sus caprichos, le aconsejaba y hasta la defendía cuando Pepe quería sermonearla. Entre todas las amigas que Maylí había tenido, a la que más quería era a Claudia, por su manera de ser, aunque a veces la inquietaba porque la veía demasiado dulce e ingenua para una época como la presente. Ellos se habían convertido en su única familia y sentía cierta tristeza al pensar que se quedaría sola, sin el apoyo moral de ellos. Un escalofrío corrió por su cuerpo sin explicarse el porqué. De pronto la vió, caminaba presurosa, buscándolos, con esa mirada entre triste y desesperada. Levantó su mano y agitándola, la llamó.
— ¡Claudia! ¡Acá estamos!
— ¡Hola Anita! ¿Cómo estás Pepe?, veo que ya están listos para irse.
—Así es Claudia, lo único que siento es el no poder llevarte con nosotros.
—No te preocupes Pepe, lo sé. Voy a seguir estudiando y trabajando, además voy a tratar de ahorrar algo para poder juntarme con ustedes. Lo único que quiero pedirles es que no se olviden de mí. Escríbanme de tanto en tanto. Eso me hará sentir feliz.
—Claro que sí Claudia, apenas nos instalemos lo haremos —contestó Pepe.
Maylí tristemente le dijo:
—Que bien que llegaste a tiempo, Claudita, temía que no te veríamos.
—Aunque me duela el hecho de estar separadas, nunca dejaría de despedirme de ti, hermanita, pero cuéntame ¿cómo te sientes?
—Alegre y triste. Alegre porque al fin voy a conocer la Argentina y comeré esos sabrosos asados que tanto mencionan, además de conocer a los guapos argentinos. Y triste porque no sé por cuanto tiempo estaremos separadas. Me apena el saber que te quedarás sola.
—Yo también estoy triste, Maylí. Es más, desde que me levanté tengo el presentimiento de que nunca más los volveré a ver. —Claudia no pudo evitar que unas lágrimas le corrieran por el rostro.
—Querida Claudia —terció Ana—, yo te comprendo. Es difícil a veces separarnos de quienes queremos. Siempre pensamos que nunca más los vamos a ver. Pero ya verás que no es así y de aquí a un año o dos, estaremos juntas nuevamente, claro, si Dios no dispone otra cosa.
—Bueno —intervino Pepe —, nuestro tren ya va a partir. Claudia, quiero que sepas que siempre vas a estar en nuestros pensamientos. Cuídate mucho y trata de conservarte tal como eres, sencilla, buena y pura de corazón.
—Gracias Pepe. Adiós querida familia, deseo que les vaya bien. ¡Los quiero mucho! –terminó diciendo Claudia mientras daba un fuerte abrazo a Maylí.
El tren se fue alejando poco a poco. Luego tomó mayor velocidad hasta convertirse en una gigantesca víbora, que iba serpenteando por las vías, hasta perderse de vista en un recodo.
Lentamente Claudia se secó las lágrimas y comenzó a caminar hacia la salida de la estación. Sintió un dolor punzante en el costado, obligándola a detenerse un momento. Pero pasó y reponiéndose, se fue a su pequeña pieza.
CONTINUARÁ...
COMO ESCRITORA...UN FRACASO
Ni modo, me creí una escritora, no una graaan escritora, pero pensé que talvés mis cuentos o historias tendrían algún valor literario. Por ese motivo participé en algunos concursos literarios, pero en todos me fue mal, ni siquiera una mención honrosa pude obtener.
Pero lo intenté, y seguiré haciéndolo. Eso no me va a impedir que siga escribiendo, algún día lo lograré.
El último concurso en el que presenté mi "obra literaria" fue el de Franz Tamayo, en la categoría cuento. Hoy me enteré que mi cuento no gustó.
Voy a colocarlo acá, si alguien lo lee, que me dé su opinión.
Pero lo intenté, y seguiré haciéndolo. Eso no me va a impedir que siga escribiendo, algún día lo lograré.
El último concurso en el que presenté mi "obra literaria" fue el de Franz Tamayo, en la categoría cuento. Hoy me enteré que mi cuento no gustó.
Voy a colocarlo acá, si alguien lo lee, que me dé su opinión.
lunes, 9 de agosto de 2010
SALIR DE UNA Y CAER EN OTRA
Parece que me llegó el tiempo de las enfermedades. Me estaba curando de mi famoso "epicondilitis" o codo de tenista (que ironia, jamás jugué tennis)cuando me apareció una trombo flebitis que se juntó a una infección intestinal por alguna comida, enfermedades que me tumbaron en cama por 15 días. Pero lo grave fué cuando fuí al Hospital Obrero (porque estoy asegurada a la Caja Nacional de Salud)hacen dos semanas atrás; luego de largo rato me atendieron, vieron mi pierna con la vena cubierta de una mancha roja y sin darme explicación de que era lo que tenía, pues en ese momento yo lo ignoraba, me dijeron que tenían que internarme para que me hagan análisis. Tampoco me explicaban que clase de análisis, lo malo es que yo no podía internarme ese momento, les expliqué y les dije si podía ir a casa a recoger ropa y poder regresar, me dijeron que sí, que podía volver al día siguiente, que me asomara en la ventanilla y que yo ya estaba registrada, que solo diera mi nombre. Al día siguiente fuí con mi maletín dispuesta a internarme ese momento, pero había ya otro turno de asistentes, cuando pregunté en ventanlla, ignoraban de que les estaba hablando, tuve que volver a sacar otra ficha y esperar que me vuelvan a atender. Luego de varias horas, me vieron y me dijeron que no era necesario que me internara, que pidiera cita por consultorio externo, mientras tanto podía tomar algunos remedios que me dieron. Yo estaba muy adolorida para discutir con ellos, además yo soy abogada no médico, así que siempre pienso que el profesional sabe lo que hace. Por suerte ya no estaba sola, me acompañaban mi madre y mi hija, así que ellas fueron a hacer el papeleo, mi madre protestaba porque cuando pidió la cita recomendada por Emergencias, me dieron para el 21 DE OCTUBRE, no pudimos conseguir otra fecha y me fui a mi casa soportando mi dolor. Tuve que recurrir a una doctora amiga para que me trate, ella se preocupó por mi condición e inmediatamente inició un tratamiento que está dando muy buenos resultados, ya que estoy mejorando cada día. Si no iniciaba el tratamiento en estos momentos, talvés estaría gravísima sino muerta. Apuesto que cuando me vea el médico el 21 de octubre, dirá que estoy sana, que no tengo nada. ¡Claro! ya estaré curada para entonces y no gracias a esta porquería de Seguro médico que nos obligan a tomar y además nos descuentan cada mes de nuestras rentas. Apuesto a que si era "diputada" o "ministra" o alguna autoridad ya hubiera sido atendida, no por uno sino por varios médicos. Estas son las clases de injusticias por las que tenemos que atravezar todos, gobierne quien gobierne.
miércoles, 9 de junio de 2010
DIA DEL MAESTRO
El pasado 6 de junio se celebró, como se hace cada año, el Día del Maestro en Bolivia. Muchos recordamos a los maestros o profesores o catedráticos, como se los quiera llamar, que marcaron un hito en nuestra vida. Tuve muchos profesores que me impresionaron y me ayudaron en mi formación, pero hoy quiero recordar a una gran profesora que tuve durante la secundaria en el Colegio "Santa Ana" de La Paz, era una monja bajita, de lentes y de un carácter firme. Hablo de Sor Ana Tadea. Terror de los chicos del Colegio La Salle que trataban de flirtear con alguna chica del Santa Ana y de las "chachonas" que siempre eran pilladas por madre Tadea. Pero el gran mérito que tenía era la forma en que enseñaba. Fué mi profesora de Geografía e Historia, y confieso que me hizo amar la historia por la forma tan vívida y apasionada conque nos la relataba. Sus clase consistían en una explicación del tema del día, luego el dictado para que nosotras lo pasáramos en limpio, pero lo mejor de todo era la explicación o narración que nos hacía. Eran tan mágicas sus palabras que nos remontábamos a laépoca y lugar del relato, es decir vivíamos, sentíamos en carne propia. Cuántas veces me sentí transportada a las guerras médicas, sufrí junto a los 300 luchadores de las Termópilas, cabalgué junto a Alejandro Magno o fuí parte de la Declaración de la Junta Tuitiva. Me acuerdo que cuando terminaba y nos decía: "muy bien, agarren sus cuadernos para el dictado" todas protestábamos. Creo que queríamos seguir escuchándola.
Querida madre Tadea, nunca la olvidaré, gracias usted me gusta mucho la historia y la geografía. no la pude visitar porque no sabía donde estaba, hasta que hace unos días, recordando con otra amiga, me contó que había fallecido hace mucho tiempo. Dios la tenga en su gloria.
Querida madre Tadea, nunca la olvidaré, gracias usted me gusta mucho la historia y la geografía. no la pude visitar porque no sabía donde estaba, hasta que hace unos días, recordando con otra amiga, me contó que había fallecido hace mucho tiempo. Dios la tenga en su gloria.
DOLORES
Dejé de escribir un buen tiempo porque ultimamente me atacaron dolores fuertes en los brazos, especialmente el derecho, ya no podía escribir ni levantar un pan, fui al médico y me diagnosticó tendinitis. Estuve con anti-inflamatorios, (mis pobres gemelas están a la miseria de tanta inyección) luego me infiltraron corticoides y rematé con fisioterapia, No saben lo doloroso que es, pero dió resultado, ya no me duelen como antes, es muy leve, pero ya puedo escribir un poco, así que lo aprovecharé bien.
Quisiera poner tantas y tantas cosas que se me vienen a la mente, generalmente cuando estoy cocinando o en algún lugar lejos de mi pc, más cuando me siento ante mi teclado, uff, se me pone la mente en blanco, ¡olvido todo lo que pensé escribir! Creí que ya me estaba poniendo senil, o que me estaba atacando el viejo alemán (alzheimer- aunque ese nombre más parece judío) pero nó, lo que ocurre es que soy una persona nerviosa y mis nervios me traicionan nublándome la mente. Lo más chistoso es que, una vez qwue apago mi pc, al poco rato empiezo a recordar todo lo que quería escribir. Debo vencer eso, así como estoy venciendo mis dolores.
Quisiera poner tantas y tantas cosas que se me vienen a la mente, generalmente cuando estoy cocinando o en algún lugar lejos de mi pc, más cuando me siento ante mi teclado, uff, se me pone la mente en blanco, ¡olvido todo lo que pensé escribir! Creí que ya me estaba poniendo senil, o que me estaba atacando el viejo alemán (alzheimer- aunque ese nombre más parece judío) pero nó, lo que ocurre es que soy una persona nerviosa y mis nervios me traicionan nublándome la mente. Lo más chistoso es que, una vez qwue apago mi pc, al poco rato empiezo a recordar todo lo que quería escribir. Debo vencer eso, así como estoy venciendo mis dolores.
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